BDSM, el placer de ayudar a cumplir una fantasía

Hace algún tiempo, me contacto Joan para ayudarle a cumplir una fantasía que tenia en mente desde hacia tiempo y quería regalársela a su mujer. Su idea era entregarme a su mujer para el uso y disfrute de varios hombres, quería que fuéramos tres en total. Mi única condición para ayudarle a cumplirla era que yo solamente la dirigiría y llevaría la parte BDSM. El accedió y después de varias semanas concretando y “guionando” la fantasía la pusimos en práctica, después de realizarla, E, su mujer me mando el relato para que lo publicara en mi revista Juegos BDSM, pero os lo adelanto ya que llevo bastante atrasado el nuevo numero.

Mi agradecimiento y admiración a Dhanko. Sin el, esta aventura no hubiera sido posible. Admirable la dedicación, la delicadeza  y el “savoir fair” que ha demostrado en todo momento, antes, durante y después.

Mi agradecimiento a Alex y Marcos, mis partenaires,” colaboradores” magníficos, generosos, atentísimos y potentes.

Este relato está dedicado a J., mi Amo.  Gracias a él, a su generosidad,  su dedicación, su preocupación, su amor, he podido cumplir una de mis mayores fantasías, con toda la tranquilidad, ocupándome sólo de mi placer personal.

Llegamos al apartamento con el tiempo bastante justo y sin dilación fui a la idea, estar lista a tiempo, prefería esperar a tener que correr, quería tener controlado todo lo que yo pudiera controlar, que no era mucho, así que me vestí rápidamente con lo que mi Amo me había ordenado: sostenes para que mis pezones recién anillados no sufrieran ,un tanga negro minúsculo, camisa blanca y zapatos de tacón. Lo de los tacones de vértigo es cosa mía, me siento la reina del mundo encima de unos taconazos desproporcionadamente altos. Me gusté, nada demasiado exagerado aunque sí muy explícito, pero necesitaba el visto bueno de mi Amo.

En cuanto estuve lista, le pregunté si me encontraba bien, si estaba presentable. Él aprobó lo que veía, “estás estupenda, nena, créeme”. Le tengo confianza en este sentido, tiene un gusto muy exigente y no me hubiera dejado presentarme de cualquier manera, así que me di por satisfecha. Satisfecha que no tranquila. No sabía lo que iba a pasar, mi desconocimiento era absoluto, en principio era una sesión de fotos, evidentemente eróticas, puesto que debía estar así, medio desnuda, atada y con una venda que tapara mis ojos, y tenía que venir otro modelo. Era todo lo que me había dicho. Él sabe que odio las fotos, no soy fotogénica, siempre me veo fatal y si encima las fotos tienen que ser no sabía con quién, ni cómo, el tema me ponía aún más nerviosa. Él me había dicho que una vez dada  mi aprobación ya no había lugar a retractarme, que debía obedecer y yo contesté con todo el convencimiento y la confianza que le tengo que obedecería y así lo estaba haciendo.

A medida que pasaban los minutos estaba más y más nerviosa, ansiosa, excitada, deseando que empezara todo y al tiempo temiendo lo que pasara, no paraba de fumar, y él no paraba de hablarme: “disfruta, disfruta, pasa de mí, olvídate de que estoy aquí, yo te cuidaré, no tienes que preocuparte por nada más que disfrutar. Es mi regalo, acéptalo como te lo ofrezco. Créeme, disfruta”.

Cuando por fin sonó el teléfono, mi nerviosismo llegó al límite: el corazón me latía vertiginosamente, la taquicardia no me dejaba respirar, pensé que iba a marearme, pero recordaba sus palabras, martilleándome la cabeza: “cuando todo acaba me dirás “rien ne va plus”, confía en mí y déjate llevar”. Mientras, me iba poniendo la venda en los ojos y me ataba las muñecas a la espalda. En un momento me encontré totalmente perdida, no sabía en qué lugar de la habitación  me encontraba ni a merced de qué.  Me dejó apoyada contra la pared, “ no te muevas, estate quieta, voy a abrir, tranquila, y ya sabes, no te preocupes por nada, de acuerdo?.

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El tiempo que tardó en volver se me hizo interminable, por mi cabeza pasaban mil historias y películas, pero me fui reponiendo poco a poco, “nena, aquí con un par, que los tienes, venga, adelante, como siempre has hecho”. Oí la llave que no acababa de abrir la puerta y por fin su voz “ he puesto música, no sé si la quieres”, no me lo decía a mí, evidentemente, pero tampoco percataba otra presencia hasta que olí un perfume desconocido a mi lado. Había otro hombre. Mi Amo se acercó a mí, me cogió la cara y me comió la boca de esa manera que me vuelve loca y me calienta inmediatamente,” t’estimo”, me dijo y le sentí irse. El corazón se me desbocó definitivamente, latía aceleradísimo, todos mis sentidos en alerta esperando lo que pudiese ocurrir, quería captarlo todo, que nada me pasase desapercibido, sentirlo todo. Al mismo tiempo volvió la oleada de perfume y una voz empezó a susurrarme muy bajito al oído:  “me llamo Dhanko y a partir de ahora cuando te pregunte me contestarás a lo que te pregunte y añadirás, Amo”. Lo entiendes?. “Si, Amo”, contesté temblando: me había cedido a otro Amo, era eso, realmente me había engañado, hacía tiempo que hablamos de esa posibilidad, y yo le había dado el visto bueno. Se me estaba poniendo la piel de gallina, J. mi Amo, siempre me ha tratado muy bien, no es estricto y nuestra relación a este nivel es especial, él siempre me advertía que no todos los amos son cómo él y que algún día lo comprobaría, ¿había llegado ese día?, A Dhanko, ya le conocía por la página de su revista. Me caían bien, él y Luna, aún sin conocerlos por sus relatos, sus fotos, su revista. Pensé que si me tenía que ceder a alguien, Dhanko me gustaba.

Me seguía susurrando al oído, acariciándome el culo “¿por qué tiemblas, tienes miedo o estás excitada?” “Las dos cosas”, “¿qué mas?”, “Amo”, ”Bien, no tengas miedo, estate tranquila, estoy aquí para hacerte un regalo, lo sabes, no?, tranquila, todo irá bien”.

fantasia3Mi excitación iba en aumento, los piercings tiraban de mis pezones, y las caricias en el culo y cada vez más hacia la entrepierna me estaban matando, las palabras que seguía susurrándome  al oído me ponían a tope “dime, ¿quieres sentirte muy puta hoy, verdad?”, “¿eres muy puta, eh?”. Si, Amo. “Me han dicho que lo más te gusta es mamar pollas, ¿es verdad?”. Me entró la risa nerviosa, fruto de la excitación,  él también se rió, “¿y eres buena?”,” No, no tengo ritmo” le dije en medio de una carcajada que quería ser cómplice en la distancia con J.  Siempre me ha puesto sobremanera que me hablen al oído, en la cama, me vuelve loca, eso y la mirada, ahora no veía y aún me excitaba más. Buscaba su boca, para que me siguiera susurrando, él lo hacía muy tranquilo, muy dulce: “¿Y dime, te gusta que te azoten?” , “No, Amo”, “A mí me parece que sí, ¿sabes que esto?”, me dijo mientras me acariciaba el culo con un “gato”, “Si, Amo”, “Claro que lo sabes y sabes que te voy a azotar, pero muy poquito, tranquila”. El primer azote fue una caricia, “así no te gusta, ¿eh,?, más fuerte, ¿no?”. “Si, Amo”, le contesté con ganas de reírme porque evidentemente estaba jugando, me estaba calentando, odio el dolor pero me puede todo lo que huele a azotes, pinzas, fustas y demás artilugios.  El segundo más fuerte, fue otra caricia, “más fuerte, no?”, Si, más fuerte, Amo”, fue aumentando la intensidad, nunca fuerte de verdad, presentí entonces que la cosa no iba a ir por ese lado, que era un trámite, de hecho paró enseguida y empezó a acariciarme el coño, yo ya me derretía, hacía rato que lo esperaba, estaba muy caliente y quería correrme, creo que fue entonces cuando oí a J. dar la bienvenida a una muejr., “ven, siéntate aquí conmigo”. “Dios, pensé, otra mujer¡¡¡, pero de qué va esto?”, me volví a descolocar, una oleada de calor me llegó a la cara y otra vez la taquicardia, no sabía que pensar tampoco tuve tiempo, un montón  de manos empezó a recorrer mi cuerpo, al principio pensé que era la chica, pero me parecía que había más de cuatro, estaba desconcertada, unas fueron directamente a meterse dentro mí , la excitación podía conmigo, no sabía por dónde venía nada, estaba a punto de explotar de gusto, Dhanko  seguía susurrándome al oído, las piernas no me sostenían ya y me deje ir, en un orgasmo bestial, que me puso de rodillas a los pies, de aún no sé cuántas personas.

Tengo mucha suerte y la naturaleza me ha dotado de la capacidad de reponerme rápidamente después de “morirme” en un orgasmo. El recuerdo inmediato de lo que acabo de sentir me vuelve a poner caliente. Y cuánto más me dan más quiero. Así que me repuse rápido y tan caliente como cuando empecé, más, porque ahora quería que todas aquellas manos volvieran a empezar, que volvieran a acariciarme, a perforarme. Ahora ya no podría parar.

“¿Pero cuánta gente hay aquí?”, pregunte. Dhanko se rió y habló algo de un equipo, entre todos me llevaron a la cama. No tengo muy claro el recuerdo de cuándo me desnudaron. No lo recuerdo. Lo que sí tengo muy vivo es que cuando me quitaron la venda, me encontré frente a frente con dos chicos jóvenes, guapos, uno blanco, otro negro, desnudos, en la cama conmigo. Me quedé petrificada. ¡ Qué chica no ha soñado follar con un negro, con la fama que tienen!. “De repente me acordé del relato de Luna, en su revista. ¿Sería el mismo chico?, Dios, si lo era podía prepararme,” éste me mata, y yo me voy a dejar, vaya que sí”.

Me ofreció su polla, estaba flácida, ya me iba bien porque me excita ver cómo va creciendo, me tiré como loca a mamársela, empecé jugando, pasándole la lengua por toda ella, como si chupara un caramelo, la sentí crecer y endurecerse, me gustaba el tamaño, a medida de mi boca, cada vez iba más rápida empujada por el placer tremendo que me estaba dando A., lamiéndome el coño al mismo tiempo; pasaba su lengua por los labios, el clítoris, dentro, ayudándose al mismo tiempo con  los dedos. Estaba calentísima, tenía unas ganas tremendas de tocarme los pezones, de estirármelos, pellizcármelos, golpeármelos suavemente, la polla de M. iba endureciéndose más y más y él ya no se conformaba con que la chupara, me empujaba la cabeza rítmicamente, quería follarme la boca y yo me dejé encantada, poco a poco empezó a clavármela hasta el fondo de la garganta, a un ritmo que yo podía seguir sin ahogarme. A. empezó entonces a follarme con los dedos al tiempo que seguía lamiéndolo. Cada vez sentía más dedos, el rimo más rápido, y el negro al mismo ritmo aumentaba la cadencia y la profundidad de las embestidas, empezaba a costarme respirar, me ahogaba, estaba inundada por la saliva que no me podía tragar. Sabía que no iba a tardar mucho en correrme e intentaba retrasarlo, quería que fuera brutal, miraba de impedir que A. me tocara el clítoris, pero él no me dejaba, me cogió las manos y en cuestión de segundos, el éxtasis, los espasmos de locura que te salen del sexo y recorren todo tu cuerpo como una corriente eléctrica, hasta el último poro de tu cuerpo una y otra vez. Y la rabia, las ganas de hacer daño, de arañar, de morder, de pegar, de insultar, de restregarte salvaje contra la otra piel, todo porque sabes que durará unos segundos y tú querrías una eternidad así. No sé lo que hice porque pierdo el sentido y el control, lo que sí que recuerdo es que ellos, me sujetaban fuertemente las manos, y que volvían otra vez, sin darme tregua, a tocarme, acariciándome las piernas suavemente, yo aún sin sentido, saboreándolo todo, concentrada, cuando abrí los ojos, delante de mí, otra polla, esta vez blanca y otra vez una mano que empujaba mi cabeza hacia ella.

Volví a empezar, caliente, en mi mente el brutal orgasmo que acababa de tener, quería más, quería no parar, quería sentirme un objeto para el placer de aquellos dos hombres que no paraban de dármelo. Abrí la boca y A. me introdujo su rabo sin ninguna contemplación, no había opción al juego, me la follaba y punto. M., cogió el relevo del coño, lamiéndolo y follándome con los dedos, estaba mojada aún de la corrida anterior y apenas si los notaba dentro, lo que quería es que me empalara, que me la metiese y follase con furia. Creo que A. lo vio porque me ordenó ponerme de cuatro patas, la escena que siempre había soñado, follada desde detrás mientras me utilizaban la boca como si de un coño se tratara,  uno embistiendo por detrás y el otro por delante, yo sólo agujeros húmedos y calientes por dónde darse placer. A. además abriéndome  la boca al máximo, un dedo en una comisura y el otro en la otra, estirándomela hasta hacerme daño y el sonido de su polla follándome la garganta, llena de saliva que me iba cayendo fuera mojándolo todo.  Mientras me follaba M. iba dándome azotes en el culo, no me hacían daño, pero le daban más morbo a la situación, oía los susurros de los espectadores pero ni oía lo que decían ni me importaban. Estaba en mi salsa, perra al máximo, esperando un leve roce en el clítoris para explotar otra vez.

Estuvimos así dos horas, ellos follándome la boca, el coño, con sus pollas, con sus dedos, con sus lenguas, yo muriéndome de gusto, de placer, en cada embestida, en cada caricia, en cada azote, en cada mamada, sólo una palabra en mi mente “disfrútalo”, los orgasmos continuos, unos mayores, otros menores, pero todos tremendos, sin tiempo a reponerme volver a empezar, con las mismas ganas de ser utilizada, en una vorágine de sexo que yo sabía que por mi parte no se iba a acabar, alguien les había dicho que era lo que más me gustaba, que me follaran la boca, y no paraban, la usaban como si de un coño se tratara, muchas veces me ahogaba entre la falta de aire y  la cantidad de saliva que no podía tragar, ellos prescindían, seguían y seguían, una de las veces llegué a vomitar pero tampoco pararon, A. además me apretaba la garganta, firmemente, sin hacerme daño, me gustaba mucho esa sensación de que en cualquier momento podía apretar más, no me daba ningún miedo, sino un placer increíble.

De rodillas, ante ellos, lamiendo ávidamente  las pollas de los dos alternativamente, una negra, una blanca, igual de apetecibles…y sabiéndome observada. Como mi Amo me había dicho: “full, nena, me dirás “full”, “no va más”. Él me había ordenado que le olvidase, “yo disfrutaré viéndote disfrutar como una bestia”, si era así, estaría pasándolo bien, dentro de lo que le permitiera estar atento a que yo estuviese bien. No recuerdo, no puedo explicar, porque no recuerdo, si tenía una polla u otra en la boca, si me follaba uno u otro, no recuerdo punto por punto todo lo que pasaba, de lo que si me acuerdo, es de las sensaciones tremendas que me daba aquella situación, tantas veces vivida en mi imaginación y ahora hecha realidad, casi idénticamente a como lo había imaginado.

En un momento dado paramos, pensé que ya era la hora, que se había terminado. Dhanko se sentó a mi lado preguntándome cómo estaba, cómo iba a estar “de puta madre” le respondí. “Eres de miedo, si te traigo todo el equipo puedes con ellos”. Yo estaba entre avergonzada, orgullosa y todavía caliente. “Exageras”, le dije. A. le dio la razón. Estaba sorprendida en parte, sé de mi capacidad sexual, cuántas noches hemos estado así con mi Amo. , horas y horas, jugando los dos y yo cada vez más caliente, hasta que teníamos que acabarlo por imperativos de la vida cotidiana.

Bebimos un poco, fumamos un cigarrillo, hablando entre todos. Conocí a Luna, era ella la otra mujer que estaba allí, amabilísima y muy dulce conmigo. Estaba sentada al lado de mi Amo., muy pendiente, por lo que me dijo, de que todo fuera bien.” Bueno nena, dijo mi Amo.,” o tú acabas con ellos o ellos contigo”.” Ah, pero quieres continuar?”, preguntó alguien, “yo no tengo problema, si vosotros queréis, yo estoy lista.”  Y volvimos a empezar.

fantasia2A., se sentó a mi lado, empezó a acariciarme las piernas, muy suavemente, siguió metiéndome los dedos en la boca. Buf¡¡¡, es de las cosas que me ponen más, que me den a chupar los dedos, mientras me miran fijamente. Me pone imaginar qué pensará aquella persona  y yo intento decirle con la mirada lo puta que me siento y transmitir que estoy tan caliente que haría lo que fuera, intento contagiar la calentura extrema que me invade y que me sea devuelta. M. me había estado lamiendo otra vez el coño y oía cómo abría un condón, se disponía a follárme, me dió miedo que me doliera, me sentía mojada pero me temía que estuviera tan inflamada que me hiciera daño, mientras yo no podía dejar de sostener la mirada de A., me tenía ensimismada, me imaginaba lo que le pasaba por la cabeza, me hubiera gustado que lo dijera pero prefería imaginármelo, no fuera que no dijese lo que yo deseaba, sentí la polla de M. meterse dentro de mí, entró sin problema, no sentí dolor,  levantó mis piernas hacia su cabeza y empezó a embestirme con fuerza, en cuanto me la clavó ya me corrí pero a él le dió igual, seguía y seguía y yo no quería que parase, y se lo dije a A., a quien seguía aguantando la mirada “dile que no pare”, él se sonrió y sin dejar de mirarme, se lo dijo “dice que no pares”.. No hacía falta, no tenía ninguna intención, siguió embistiendo, volviéndome loca. No pude aguantar más. Sólo tuve tiempo de pensar en no hacer daño a nadie porque quería clavar mis uñas con todas mis fuerzas al mismo tiempo que llegaran los espasmos que me transportarían a otro mundo, donde ya sólo estaríamos mi cuerpo y yo, en un estado de placer y tormenta. infinitas. Y así estallé. Arañando la pared con todas mis fuerzas y retorciéndome poseída en un orgasmo que no acababa.

Cuando volví en mí tenía la cabeza encima del vientre de M., volvía a tener su polla, reposando frente a mí. Las sensaciones del orgasmo que acababa de tener volvieron a mí y quería volver a tenerlas. Por Dios, quien no querría. Tenía que volver a probarlo. Empecé a tocarle los pezones, me encanta tocar y pellizcar los pezones de un hombre, jugar con ellos, morderlos con fuerza y después lamerlos dulcemente para aliviar el dolor. No me pareció que le excitase mucho, así que volví a metérmela en la boca, él me levantó de rodillas, delante suyo, cogiéndome del pelo y así me empujaba con fuerza hacia él, clavándomela hasta el fondo de la garganta. Me entusiasmaba, tan rudo, sin miramientos. A., metiéndome los dedos con la misma cadencia.

Escenas y más escenas, todas las posibles, iban sucediéndose, sin descanso, sintiéndome cada vez más y más caliente, más puta, tal y cómo me había prometido Dhanko.

Hubiera continuado no sé cuánto tiempo más, supongo que hasta que mis agujeros, doloridos, hubieran dicho basta, porque ese es mi límite, el físico. Acabamos por imperativos de la hora, comentando lo sucedido, mientras tomábamos una copa de vino y fumábamos un cigarrillo. De muy buen rollo, todos magníficos, gente estupenda que valoraban sinceramente lo que J. había hecho por mí y que se dedicaron en todo momento a que nada fuera mal, respetando escrupulosamente los límites establecidos, con una delicadeza exquisita.

El resto de la tarde lo pasamos J. y yo comentando lo sucedido, él explicándome lo que había visto desde fuera, yo a él lo que había sentido desde dentro. Así nos fuimos a la cama. Allí abrí el regalo que me había hecho durante la cena, para que no olvidara nunca ése día, uno de los libros de la trilogía de Grey, le pregunté de qué trataba y él me contesto “de ti”.

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